Por Claudia Benassini / @ClaudiaBenassini
Finalmente, los primeros
minutos del domingo 29 de abril marcaron el inicio de las campañas hacia la
Jefatura del Gobierno de la Ciudad de México. Los periódicos del día dieron
cuenta del arranque del banderazo de salida, de las inquietudes de los cuatro
candidat@s, de la ventaja de Miguel Ángel Mancera en las encuestas y de la
andanada de spots que se nos viene. En este espacio hacemos un primer análisis
retórico de estos primeros promocionales de los cuatro aspirantes a gobernar la
capital. Recordemos que Aristóteles es el padre de la Retórica, a la que denominó como “el arte de convencer”. “Más vale
un inverosímil creíble que un verosímil increíble” afirmaba y para ello elaboró
una de figuras empleadas en el discurso para el ejercicio de la persuasión, que
a lo largo de los siglos ha sido ampliada por estudiosos del lenguaje como
Roman Jakobson.
Isabel Miranda de Wallace
inició con una campaña agresiva. Ella trabajó sola para capturar a los asesinos
de su hijo, incluyendo a “un procurador” con la cara difuminada que “no fue
capaz”, en clara alusión a Miguel Ángel Mancera. Imagínate lo que podremos
hacer juntos. Un complemento a sus primeras declaraciones sobre el combate a la
corrupción y sobre el ofrecimiento de recompensas a quien la denuncie. Aquí se
podría cuestionar el recurso retórico a la generalización:
desde su experiencia, todas las instituciones son iguales, igual de corruptas,
igual de ineficientes, incluyendo a Mancera. Pero la descripción de la
ineficiencia de las instituciones para resolver su situación, en este spot se
recurre a la sinédoque: la
descripción del todo por una de sus partes, generalmente la más cargada de
sentido: el policía, el funcionario y el procurador…
El segundo spot retoma lo que
ella supone es parte del hartazgo capitalino: las paredes. Paredes que se
anteponen como obstáculos para vencer a la corrupción. Paredes a derrumbar si queremos avanzar. Paredes que, vía la metáfora,
inevitablemente nos remiten a la candidata priista al mismo cargo al que aspira
Wallace. Dos cosas podemos deducir de esta propuesta. Primera, que al menos en
esta primera andanada de spots la
panista enfila sus baterías en contra Beatriz Paredes, que no es su principal
contrincante; entonces su objetivo sería mediatizarla a través de esta metáfora
entre las paredes que se imponen como barreras para la resolución de problemas.
Segunda, en un escenario previsible, que en sucesivos momentos de su campaña
enfile su asociación de ideas hacia el resto de sus contrincantes.
Beatriz Paredes arrancó sus spots en un tono muy priista. Priista
desde la manera de impostar la voz, la lógica del discurso que intenta ser
abstracto pero que tiene nombres y apellidos. Priista por lo que se presupone
puede desprenderse de ese primer mensaje: las promesas de campaña y, desde
luego, la relación con Enrique Peña Nieto como recurso para atraer votos. En
esto contexto, hay algo en los spots
de Paredes que huele a viejo. Quizá la manera en que está estructurado, quizá
que sus planteamientos nos suenan conocidos. Como si se tratara de un remake de la campaña de hace seis años en
la que el PRI obtuvo el tercer lugar. En este caso la retórica reside en la inclusión, el famoso nos mayestático tan utilizado en el
discurso político.
Sin embargo, el recurso retórico más importante de la
campaña de Beatriz Paredes es la inclusión,
más apreciable en los spots de televisión. Las preguntas del ciudadano: cuándo
podrá llegar a tiempo en medio del tráfico habitual, cuándo encontrará con
quién dejar a sus hijos mientras la madre cierra la puerta con candado y asoman
los ojos del pequeño que se queda encerrado. La familia que lo pierde todo por
las inundaciones; el desempleo. “Lo que duele”, dice Paredes en off, que ante estos problemas decide
participar. Y en estas imágenes de nueva cuenta está presente la sinécdoque: la presentación de los
principales problemas de los capitalinos a los que, previsiblemente, se sumarán
otros.
El primer spot de Miguel Ángel Mancera es una suerte de convocatoria incluyente. Después de presentar
opiniones de ciudadanos que afirman la importancia de considerar la opinión del
ciudadano, en tono desenfadado se presenta ante los ciudadanos y les informa
que en los próximos días “visitarán todos su casa” para recoger las principales
propuestas que se integrarán a la respectiva colonia y delegación. El candidato
de las izquierdas reitera la importancia de escuchar a la gente. Es probable
que la invitación se trate de que la ciudadanía se sienta incluida en la
campaña y que, en los hechos, haya visitas para recoger propuestas. La inclusión como figura retórica ha
funcionado en la lógica del discurso político y de las campañas electorales. El
punto vulnerable que eventualmente utilizarán sus críticos es si la inclusión oculta a la improvisación.
Dicho de otra manera, que el proyecto de ciudad no esté integrado y pretenda
integrarse sobre las rodillas. Si se trata de un equívoco, los spots sucesivos
debieran dar cuenta del avance en este sentido.
Finalmente Rosario Guerra
todavía no nos muestra sus spots. El primero de Nueva Alianza en la Ciudad de
México es el de la mujer que “arrastra la pesada carga” de un político. Un
ejemplo de metonimia: sustitución de
un término (o imagen) por otro y entre ambos hay una relación causal. La carga
del político (ineficiente) que arrastramos todos los ciudadanos.
Metáfora, inclusión, vía del
ejemplo, sinécdoque, metonimia. Hemos aplicado apenas cinco figuras retóricas a
este primer análisis de los spots de los cuatro aspirant@s a gobernar la
capital. Desde luego hay muchas más que pueden aplicarse para un trabajo de
mayor profundidad. El punto es si en dos meses lograrán persuadir a las
audiencias de que su propuesta es la mejor. Y, desde luego, la presentación del
inverosímil creíble por encima del verosímil increíble. Un elemento que
retomaremos en un ulterior análisis ya con la segunda tanda de spots que,
previsiblemente, buscará ser más convincente.








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