@ambulante_
Nada para nadie porque los debates no los gana nadie, es
decir, quien espere ver un debate para encontrar un ganador, mejor debería ver
el box, o el fútbol. Los debates no se ganan pero sí se pierden.
El asunto es completamente de percepción, por eso algunos
podrían sentirse atraídos o convencidos por Gabriel Quadri; sin embargo, ser
elocuente no significa no ser inteligente y mucho menos proponer políticas
programáticas reales, en realidad, sólo implica usar eufemismos para no decir
nada y por eso es un ejemplo perfecto.
Los debates implican ver la forma y no el fondo, de ahí que el candidato del partido Nueva Alianza podría haberse visto beneficiado y salir del anonimato, pero, para fortuna de todos, no logrará nada trascendental. Ni subir en las encuestas y mucho menos ganar la contienda. Aunque eso sí, tal vez mantener el registro de un partido retrógrada y parasitario.
Los debates implican ver la forma y no el fondo, de ahí que el candidato del partido Nueva Alianza podría haberse visto beneficiado y salir del anonimato, pero, para fortuna de todos, no logrará nada trascendental. Ni subir en las encuestas y mucho menos ganar la contienda. Aunque eso sí, tal vez mantener el registro de un partido retrógrada y parasitario.
Los candidatos con posibilidades no ganaron nada, Josefina
Vázquez Mota no logró mantener la idea de ser diferente; pero sí mostró que ella es
el único obstáculo de su campaña. No coincide su discurso con sus acciones y en
momentos, parecía estar ausente del debate.
Enrique Peña Nieto,
se quejó del tiempo y no pudo esbozar una defensa en contra de los
recurrentes (y perfectamente previsibles) ataques. Aunque si hay que hacer un
balance objetivo, es el único que pierde en su imagen y ve dañada la
carrocería, sin entusiasmarse de más, se le identifica como lo que es, el
candidato del gobierno. Sí, pese a la simulación de oposición.
Y Andrés Manuel López Obrador, dejó ir viva la trucha, se
muestra como el candidato con más experiencia y carrera política, pero, se
refirió en todas las ocasiones a su voto seguro, a los convencidos, a quienes
sabemos que el país está dominado por una oligarquía. Pero, no a los que lo
miran con recelo o que se dejan convencer de que es una mala opción sin hacer el mínimo esfuerzo intelectual por descubrir
lo contrario, quienes se quedan en los dislates, la foto al revés o la locura
que se le atribuyó hace seis años.
Y si todo es percepción, ¿entonces quién gana? La respuesta,
es por demás dramática, no gana nadie, los debates son forma sin fondo, el IFE
como institución responsable dista de ser un organizador confiable. Si todo son
apariencias no gana nadie o no importa quién gane porque los problemas del país
no se arreglan por encima o con paliativos, se resuelven de estructura.
La moneda quedó en el aire, uno de los cuatro candidatos señaló
que una elite económica-política mantiene las cosas como hasta ahora a su conveniencia,
el asunto es que ahora ni a ellos les conviene seguir con un gobierno como el
de Felipe Calderón. Si el elector no quiere que se le ofrezca sólo la forma, es
imprescindible que se obligue a pensar más, a contrastar propuestas y
gabinetes; pero, más importante, a recuperar la historia reciente y no olvidar
quien tuvo las canicas y cómo las repartió.







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