Por Hugo León Zenteno.
La
democracia no es únicamente electoral. Implica, además, la existencia
de una constante deliberación pública, la cual es sólo posible a partir
de la concurrencia de una diversidad de voces representativas de un
entramado social. La discusión de los temas que son relevantes para el
desarrollo de una nación no puede ser acaparada por quienes detentan el
poder político, económico o mediático; esta deliberación no es factible
en la monotonía, en la preponderancia de una voz o de un puñado de
ellas. Por ello, son pertinentes los llamados a que se multipliquen los
actores, los grupos sociales y las corrientes de ideas que tengan la
oportunidad de expresarse en la arena pública; en este mismo espacio
he hecho hincapié en la impostergable necesidad de un verdadero
pluralismo en la tenencia y gestión de los medios de comunicación
Sin
embargo, la intención de monopolizar las propuestas sobre qué es lo que
se debate persiste, particularmente en los espacios tradicionales
(prensa, radio y televisión). Por ello, conviene puntualizar los
mecanismos con los que se pretende centralizar los asuntos sujetos de
discusión por parte de las audiencias. La teoría de la Agenda setting
(establecimiento de la agenda) es útil en este sentido ya que nos ayuda
a desentrañar las razones por las cuales algunos temas nos parecen más
importantes. Desarrollado por Maxwell McCombs y Donald Shaw, este
enfoque teórico demostró, a partir de estudios realizados en tres
elecciones presidenciales estadounidenses, que las cuestiones fijadas
por los medios de comunicación se convertían en la materia de discusión
de los votantes. Las investigaciones subsecuentes en todo el mundo,
contribuyeron a reafirmar esta hipótesis, de manera que hoy en día
podemos enunciar dos supuestos básicos en esta asignatura: los medios de
comunicación en general y la prensa en
particular no reflejan la
realidad sino que la filtran y le dan forma; y la concentración en pocos temas conlleva una percepción, por parte del público, que dichos
asuntos son más importantes que otros.
Es así que la agenda de la reflexión pública está fijada desde las salas de redacción y los bunkers
noticiosos y como reflejo de las líneas editoriales bajo las que se
rige cada medio. El problema surge cuando estas líneas no son
consistentes y se van ajustando de acuerdo a vaivenes políticos o a
conveniencias comerciales (manifiestas u ocultas); y se ahonda, cuando
prevalece una escasa formación en términos de news literacy para que la audiencia sea capaz de criticar la brecha entre lo que se plantea mediáticamente y lo que se requiere socialmente.
No
obstante lo anterior, la franca incorporación de las redes sociales al
entorno del discurso político, especialmente en el actual proceso
electoral, ha generado una dinámica inédita en términos de la
deliberación pública: la unilateralidad en la proposición de los temas
ha sido rota por la flexibilidad, la heterogeneidad, la espontaneidad,
la sagacidad y la agudeza del sinnúmero de comentaristas que publicamos
en Twitter, Facebook, YouTube y demás cibermedios. Hay tantas voces como
usuarios y tantos asuntos como hashtags. No todo lo que se dice es
serio y profundo pero sí contribuye a la generación de una verdadera
opinión pública, en tanto la agenda responde más fielmente a intereses
ciudadanos y a preocupaciones genuinas. Comenzamos pues, a ver
satisfecho nuestro deseo de multiplicar las voces, nuestro afán
polifónico.
Twitter: @hugoleonz







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