Un día para salvar a México (Opinión)




Por Paola Ricaurte Quijano
@PaolaRicaurte

Vivir en democracia implica que se respeten los derechos ciudadanos. En el caso de una democracia representativa, la ciudadanía, el actor fundamental, elige a quienes van a defender esos derechos de manera que se genere un espacio propicio para su fortalecimiento. 

En el caso de México, en cambio, la clase política ha convertido los cargos populares en una oportunidad de enriquecimiento personal y de beneficio para una pequeñísima elite que usufructúa –con el mayor cinismo- los bienes de los mexicanxs, sostenidos por una perfecta maquinaria que articula los medios, la escuela, la religión, los sindicatos, los partidos, la cultura y el sistema legal, tal como lo planteaba Althusser hace más de cuarenta años. Resulta una tarea titánica bajo este esquema perverso, tratar de modificar representaciones del mundo e ideologías arraigadas y reforzadas por décadas a través de las instituciones sociales tradicionales, aunque conduzcan a que el ciudadano tome decisiones que lo perjudican personal y colectivamente.

Esta fractura entre el yo y la colectividad, reforzada por el sistema neoliberal que ensalza el provecho propio y el éxito personal (económico, profesional, social) , y que no concibe otras formas de crecimiento social a partir de la construcción de comunidad, impide al sujeto comprender la dimensión social de la naturaleza humana y la imposibilidad de fundar un Estado a partir de la fragmentación y exclusión del Otro, que en México resulta ser siempre el mismo: pobres, indígenas, mujeres, personas con discapacidad, jóvenes, niños, enfermos, personas con preferencias sexuales diversas, activistas, periodistas, personas que confrontan el sistema. Parece que no entendemos que si nos va bien a todos, en realidad nos va a ir mejor. 

De acuerdo con los datos de Latinobarómetro, en México la cultura cívica presenta una profunda crisis de confianza: 62% de los mexicanos creen que no se respeta la ley; 62% piensa que la causa es la ausencia de sanciones a quienes violan la ley; 55% tiene poca confianza en los jueces; y 71% considera que es posible el fraude electoral. Vivimos dos tragedias: tenemos un país que no queremos y no nos decidimos a cambiarlo; o lo que es peor, no nos damos cuenta de que tenemos un país que no nos merecemos y no somos capaces de imaginamos otro mundo posible.  

La campaña electoral, plagada de lo peor de la política y el fraude, que hemos visto a través de distintas manifestaciones: en el clientelismo, el estrecho vínculo del PRI y el PAN con el narcotráfico, el apoyo incondicional de Televisa al candidato del PRI, el desvío de fondos públicos para las campañas, la estrategia distractora del candidato de Nueva Alianza para ocultar el verdadero origen y propósito de su candidatura, el monólogo de los candidatos, de alguna manera constituye el entorno propicio para la emergencia de voces críticas, informadas e indignadas frente a la cloaca abierta y pestilente.

Los jóvenes de Yo soy 132, que también han sido embestidos con la podredumbre del PRI para debilitarlos y desacreditarlos, asociándolos de manera absurda con el candidato progresista e infiltrando personas para engañarlos y desestabilizarlos, son lo mejor de la campaña. La juventud, sistemáticamente excluida, puede haber aprendido una importante lección:  que es capaz de organizarse, reclamar sus derechos y sacudir el status quo. No sabremos el impacto sino hasta mañana: si efectivamente consiguieron llegar con su mensaje a millones de jóvenes que se han abstenido de participar en otros procesos electorales por falta de fe y expectativas y a los que por primera vez ejercerán su derecho cívico. Dado el poder de la poderosa máquina desinformadora de Televisa y todas las instituciones asociadas a hacer de la ignorancia una  industria, es difícil augurar muy positivos escenarios; sin embargo, titánicamente, este grupo de jóvenes logró encender una chispa de esperanza.

Para una democracia sólida, ls ociudadanxs debemos cumplir con nuestro deber de votar y también exigir que se respete nuestra voluntad en las urnas. Lamentablemente, ninguna de las dos condiciones está garantizada. Esperemos estar listxs para cambiar la historia y todas las predicciones.


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1 comments:

  1. si todos los ciudadanos se acercaran a las urnas lucidos de lo qué está pasando optarian por el voto núlo y núlo hasta qué de verdad se trabaje por un país economico,social y político etc. más equitativo con miras a un país lo más balanceado posible un sistema qué nos arrastra cada vez más a ser individuos aislados, ensimismados e indiferentes a los problemas qué nos afectán y mucho de esto tiene qué ver con la educación los gobiernos no quieren una ciudadania con conocimiento para un desarrollo húmano optímo el gobierno sólo ve por el interes economico todo se mueve por la economia y para la economia el sistema nos dicta qué para estar bién tengo qué tener,el sistema nos dicta ¨´competir y ganar para sér´´ sómos por naturaleza sociables y devemos adoptar formas de convivencia sanas y luchar contra un sistema qué nos quiere disolver, separar nos quieren dejar imposibilitados de generar molestia para quellos qué se nutren de nuestro miedo,la ignorancia el capitalismo es la corriente qué nos va acabando como humanos trasformandonos en una especie de robots consumidores.

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