Monterrosianos (Opinión)

Por Hugo León Zenteno.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Cuando se desperezó, doce años le parecieron un santiamén.
Cuando miró a su alrededor, reconoció su hábitat.
Lo que le permitió vivir durante eras, en esencia aún imperaba.
Cuando caminó, el dinosaurio todavía era tal.
















Cuando se le cuestionó, el emporio permaneció incólume.
Cuando la realidad le perjudicó, simplemente la omitió.
Cuando sus vasallos dudaron, sus juglares se prodigaron.
Los cuentos y vodeviles de siempre, acallaron los clamores.
Cuando la polvareda se disipó, el emporio todavía era tal.

Cuando despertaron, los alternantes ya no estaban allí.
Cuando abrieron los ojos, resultó que no los abrieron.
Cuando buscaron las razones, olvidaron su sinrazón y su cerrazón.
Los cuentos y las refriegas de su líder, los hundieron.
Cuando quisieron abrir los ojos, la sangre derramada se los impidió.

Cuando despertaron, las tribus seguían sin estar allí.
Cuando intentaron llegar, el ominoso sistema lo volvió a evitar.
Cuando protestaron, sus pasos y consignas no fueron suficientes.
Las transacciones y excesos de siempre, no resultaron probatorios.
Cuando intenten de nuevo, las tribus habrán de unir los fragmentos.

Cuando despertó, la sociedad civil tampoco estaba allí.
Cuando se percató que podía estarlo, comenzó a vociferar.
Cuando cesó la arenga, el riesgo de la apatía retornó.
El debate y la exigencia inéditos, tendrán que ser costumbre.
Cuando así sean, el dinosaurio se extinguirá.

Twitter: @hugoleonz

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