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"Todo para la mujer": botón de muestra de las pasarelas electorales (Opinión)


Por Claudia Benassini 
 @claudiabenassin

A principios del siglo XXI televidentes y radioescuchas comenzaron a tener contacto con los candidatos a cargos de elección desde una modalidad diferente: su presencia en espacios de espectáculos y entretenimiento. La tendencia no fue producto de la alternancia, aunque la coincidencia temporal obligue a establecer una relación con la extensión de estas figuras en otros espacios hasta entonces reservados para el comentario y el chisme de la farándula. Más bien se trataba de una estrategia que venía de otros países –sobre todo España y América Latina- en los que había mostrado su eficacia. Después de todo, se buscaba llegar a una audiencia no interesada en acceder a los contenidos informativos impresos y/o electrónicos, que constituía un importante nicho de posibles indecisos sobre todo en épocas de elecciones.




De una manera gradual e imperceptible, estas figuras se acercaron a estos nuevos nichos de electores como invitados. Como si se tratara del estelar de la última telenovela que conversa con las audiencias sobre su papel, los políticos recurrían a los conductores más exitosos para, cual actor estelar, exponer sus propuestas a preguntas expresas. Por sus características, desde entonces se han prestado a suspicacias sobre si se trata de entrevistas previamente arregladas. Es decir, si los estrategas del candidato entregan previamente un cuestionario a la producción para seguirse como guión al pie de la letra. En resumidas cuentas, desde hace casi doce en ciertas temporadas aspirantes a cargos de elección popular –gobernadores, legisladores y jefes delegacionales- buscan acceder a este espacio como parte de una plataforma que incluye la pasarela inevitable por estos espacios tan cuestionados pero necesarios en términos de estrategia electoral.


En este contexto y por sus niveles de audiencia, Todo para la mujer, conducido desde hace más de veinte años por Maxine Woodside, se ha convertido en uno de los espacios estratégicos para acercarse a las audiencias con diversos perfiles socioculturales. En épocas recientes recordamos a Marcelo Ebrard como candidato a gobernar la Ciudad de México y dos ocasiones más adelante para conversar con la ciudadanía. Más recientemente, Eruviel Ávila fue invitado con objetivos más o menos similares. Y todavía más recientemente, el viernes 3 de febrero, Josefina Vázquez Mota conversó con Woodside sobre su familia y sus aspiraciones presidenciales. La panista concluyó su participación invitando a la militancia a votar –por ella, obviamente- el domingo 5 después de ir a misa.


En este contexto, Todo para la mujer se ha convertido en una pasarela inevitable para los candidatos a puestos de elección. Y aunque hipotéticamente los micrófonos estarían abiertos para todos los interesados, con excepción de Marcelo Ebrard, Eruviel Ávila y el guapísimo de Peña Nieto, la producción no puede ocultar sus tendencia a conferir mayores espacios a las figuras panistas. En más de una ocasión Marta Sahagún conversó con Maxine de temas tan diversos como sus experiencias como primera dama y, más recientemente, para hablar sobre los servicios ofrecidos por el Centro Fox. En plena efervescencia electoral del 2006,  Margarita Zavala invitó a los radioescuchas a votar pos su esposo. ¿Y cómo olvidar, también en ese momento, a Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, reiterar que Andrés Manuel López Obrador era “un peligro para México”, advirtiendo a los radioescuchas de Maxine sobre los riesgos de votar por el tabasqueño?




El espacio de Maxine Woodside es uno de los ejemplos más representativos pues, dentro de su género, es el programa matutino que registra los mayores niveles de audiencia. La reforma electoral vigente impide a los partidos políticos comprar espacios en radio y televisión, pero no les impide disfrazar esta práctica bajo la modalidad de invitado. Previsiblemente, a partir del viernes 30 de marzo podría iniciarse la pasarela radiofónica con fines proselitistas. Una pasarela que, lejos de la imparcialidad y el cotilleo matutino, puede convertirse en una plataforma aprovechada por los concesionarios de los medios electrónicos para promover a sus candidatos y/o para denostar a los contrarios.

Un botón de muestra. Hace algunas semanas, Maxine comentó a sus compañeros de mesa que un candidato presidencial tenía diabetes y le estaba fallando un riñón. Qué irresponsabilidad –comentaron los co-conductores- buscar la Presidencia de la República con ese estado de salud. Después trascendió que el interfecto era López Obrador, quien a partir de entonces ha tenido que navegar entre los rumores sobre su estado de salud y sus opiniones en sentido inverso. Un ejemplo, como señalamos desde el principio, de pasarela electoral que hace a un lado la responsabilidad de los medios y contribuye a la desinformación y la diseminación de la guerra sucia.