Por Claudia Benassini
@ClaudiaBenassin
En mayo de 2009 –dos meses antes de los comicios intermedios- se renovaron las alcaldías y congreso local en el estado de Yucatán. Durante cinco meses el Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) otorgó al PRI en Mérida una cómoda ventaja que para cinco días antes de las elecciones superaba los 44 puntos porcentuales. El domingo 16 de mayo las encuestas de salida mostraron un resultado que sería irreversible tras el resultado del recuento: el PRI había recuperado Mérida, pero con una ventaja de cuatro puntos porcentuales arriba de Acción Nacional. Los resultados de las mediciones de GCE, que se publicaban puntualmente en el Grupo Editorial Milenio, fueron tema de reflexión en la columna diaria de Ciro Gómez Leyva, subdirector general editorial. Federico Berrueto y Liébano Sáenz, cabezas visibles de la encuestadora y articulistas del periódico, no mencionaron la diferencia entre su pronóstico y el resultado obtenido por el PRI en las urnas.
En este contexto, cabe recordar que GCE inició sus colaboraciones en Grupo Milenio hace aproximadamente cinco años. Durante unas cuantas semanas alternó sus publicaciones con las de María de las Heras –de Demotecnia- quien decidió no alternar su trabajo con GCE argumentando desacuerdos metodológicos. Desde entonces, medios de comunicación, candidatos y partidos políticos han cuestionado los resultados de este despacho bajo el señalamiento de que sus resultados están muy lejos de la imparcialidad que debiera acreditarse a una medición estadística.
Por el mismo rasero se ha pasado al Grupo GEA-ISA, cuyos resultados se han difundido en el espacio radiofónico de Ciro Gómez Leyva desde 2006, a pesar –o por ello- de ser la primera encuestadora en presentar tendencias favorables hacia Felipe Calderón y el descenso de Andrés Manuel López Obrador. Por otro lado está Roy Campos, de Grupo Mitofsky, ligado a Televisa, y a Joaquín López Dóriga, el titular del noticiario estelar de la televisora (Campos es invitado fijo de la “mesa política” de López Dóriga en RadioFormula – junto con Rene Casados, actor y asesor de imagen de la televisora -, además de presentar ahora en exclusiva sus encuestas presidenciales con él). Menos expuestas a estas críticas están De las Heras y Ana Cristina Covarrubias, cuyo perfil de exposición mediática es mucho más bajo que el de GCE, GEA-ISA o Mitofsky. No obstante, el resultado de sus mediciones también se maneja por analistas y articulistas en espacios impresos y electrónicos.
De lo anterior se desprenden dos elementos. Primero, los desequilibrios entre los resultados de las encuestas hechos públicos a través de los medios y ahora en las redes sociales. Segundo, más allá de los argumentos a favor o en contra de las encuestadoras, el hecho es que sus mediciones constituyen el hilo conductor al que recurren analistas y articulistas para la construcción de la opinión pública. Incluso, hay quienes contrastan varios resultados tanto para cuestionarlos como para argumentar su posición sobe todo a favor de un candidato.
En este proceso, aunado a la difusión por parte de cada encuestadora, los números son lo de menos. Difícilmente el electorado mantendrá en su cabeza los porcentajes arrojados por los resultados, pero sí retendrá los nombres y las posiciones. Ambos elementos cobran relevancia si los contextualizamos en este momento, cuando los datos arrojan que al menos una tercera parte del electorado no ha decidido a qué candidato dará su voto. Un porcentaje que permite visualizar dos escenarios que podrían modificarse durante las próximas semanas. Primero, que las campañas contribuyan a que el alto porcentaje de indecisos se incline a favor de un candidato y que las encuestas contribuyan a mostrar estas tendencias. Segundo, un resultado final adverso a las mediciones que no necesariamente favorezca al puntero en las encuestas; un escenario previsible de mantenerse el alto porcentaje de indecisos.
En cualquiera de los dos escenarios las encuestas jugarán un papel relevante porque no necesariamente correrán en paralelo. En el primero, seguirán formando parte la construcción de la opinión pública por mediación de la información o de analistas y articulistas en los términos arriba señalados. El segundo no necesariamente reflejará si los indecisos han optado por un candidato. Esta afirmación se apoya en la espiral del silencio, formulada hace cuatro décadas por Elisabeth Noelle Neumann. Su argumento central es que un porcentaje del electorado no hace pública su decisión y, por lo tanto, no se refleja en los resultados de las encuestas. Sin embargo, estos resultados contribuyen a que los indecisos se suban al carro ganador y opten por el puntero.
En suma, los resultados de las encuestas son relevantes en la construcción de ambos escenarios. Al hacer hincapié en que el electorado mantiene en mente las posiciones y no los resultados no pretendemos descalificar el trabajo de las encuestadoras. Más bien pretende destacar su papel en la toma de decisiones a una semana de iniciadas las campañas y durante las siguientes once. Un papel del que están conscientes sus respectivas cabezas visibles en un proceso que va desde la construcción de las estrategias metodológicas hasta la presentación de los resultados. Incluso con el riesgo de las diferencias evidenciadas en el caso de GCE que, en todo caso, buscarían influir en el proceso de toma de decisiones.

















